Para ellos son las catacumbas de los demás, y la carvena mausolea de los paises de pesadillas. Ellos escalan hacia las torres de la luz lunar llena de castillos con rines arruinados, vacilan negras telarañas con huellas debajo de las piedras dispersas de las ciudad olvidada de Asia. La madera encantada y la desolada montaña son sus santuarios, y ellos se quedan alrededor de siniestros monolitos sobre islas inhabitadas. Pero la verdad repercute en lo terrible, para quien una nueva emoción de indecibles lineas de horror es el final y la justificacion de la existencia, para otros estima mas de todo ancestro, solitarias granjas de viejos bosques en la Nueva Inglaterra; para quien los elementos oscuros de la fuerza, solicitud, grotecidad e ignorancia combine con la forma de perfección de lo horrible

Por la práctica necesidad y por la filosofia externa, este tipo no fue muy bello por sus pecados. Infractando como los mortales deberían, fue forzados por su código rígido de buscar ocultación por encima de todo lo demás; asá que ellos llegaron a usar menos y menos el sabor de lo que ocultaron.

Solo las silenciosas, durmientes y mirantes casas en los bosques pueden decir todo lo que se ha ocultado desde los días tempranos; y ellas no fueron comunicativas, fueron resistentes a los batidos de la somnolencia que ayuda a ellos a olvidar. Alguna vez alguien siente que sería mas misericordioso llorarle a estas casas para que ellos puediesen soñar mas a menudo.

Este tipo dice que sobre la mesa en un cuarto desnudo sobre el suelo de tierra hay muchas botellas peculiares, en cada una, una pequeña pieza de un conduciente sabio pendolo sobre una cuerda. Y ellos dicen que el terrible viejo habla a estas botellas, abordandolas por nombres raros tales como Jack, Long Tom, Spanish Joe, Peter y Ellis. Siempre que habla a una botella, la pequeña cabeza del péndulo dentro al reloj hace ciertas vibraciones definidas como respuesta. Estos que han visto el alto, magra y terrible viejo en estas conversaciones particulares, no lo quieren volver a ver.

Y vuelvo a recordar que la gente se fue con caras preocupadas y pálidas, y silbaron alertas y profecías que nadie se atrevió conscientemente a repetir o reconocer que las habóan escuchado.
Un sentido de monstruosa culpabilidad estaba por encima de la tierra, y fuera de los abismos entre las estrellas barrieron relajadamente corrientes que hicieron a la humanidad tiritar en oscuros y solitarios lugares.