“Porqué fumas cigarros?” Ella pregunta. En lo que escucho esto, dejo salir una pequeña nube antes de entrar en pensamiento. Y entonces le respondo:

“Estas preguntandome eso porque es un hábito sucio, asqueroso y deteriorante que no me llevará a nada mas que a una lenta y dolorosa muerte? O me lo preguntas porque te preocupa cuanto tiempo me queda de vida para así formar parte de una cultura inconsciente que continuamente trata de engañar a la muerte con mentiras como la mantequilla libre de grasa, el pan sin carbohidratos o cualquier otro tipo de esos oxidioticos regalos que la ciencia moderna nos ha dado?”

Se quedó paralizada por mi discurso. Probablemente esperaba un “Me gusta” o un “No sé” para que así me dijera lo que los no fumadores piensan que los fumadores no saben: “Los cigarros te van a matar.”

Y continúo por supuesto:

“Una ventaja de fumar ostentosmente es que alienta a los espectadores a hacerse una opinión sobre el contenido de mi carácter sin tener que hablarme del todo. Ellos pueden asumir que soy negligente a los efectos negativos de fumar y así faltándome prudencia; prudencia que ellos obviamente tienen. De una manera, ayudo a simplificar su día y alterar su auto-estima. Y entonces no tengo porque hablarles. Todos ganan.

La agradable sensación táctil y la comodidad en la rutina, y el comparativamente menos agitado estado en el que estoy después de procesar la nicotina definitivamente me alienta a la adicción. Cuando sea viejo, sin embargo, los cigarros me habrán afectado en su camino de guerra en tal forma que tenga una lenta e insoportable muerte, pero no hay falta de información que me haga no estar conciente de esto. El hecho de que continúe puede sugerir un cierto tipo de masoquismo temerario o percepción personal de un bajo auto-estima.”

“Y cuál es el punto?” me interrumpe. Pienso por un segundo. La respuesta es de mucha revelación tanto para ella como para mí.

“No le tengo miedo al dolor o a la muerte.”

Y tampoco pienso que alguien debería.

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