Me encanta tanto el café que he hecho la historia de cada mañana.

Moriría por una camiseta así c|:-/
Moriría por una camiseta así c|:-/

Cada mañana por los últimos 3 años, he tenido un pequeño ritual personal que me ha ayudado a preservar mi cordura//juicio. Ese ritual es mi café de la mañana. A pesar de la hora en que me despierte el primer instinto de mi visión borrosa me envia tropezando directo a mi cocina, especialmente con la puerta del freezer y cualquier cosa que se atreva a estar en mi camino. Abro la puerta del freezer para sacar la fría bolsa de usualmente café en grano, desdoblo las pestañas que la mantienen cerrada y echo esta cosa increible de oler al filtro permanente de mi pequeña cafetera. Entonces lleno el jarrito con agua del garrafón y la derramo en el compartimiento apropiado sobre la pequeña maquina y enciendo el switch que la hace funcionar.
Mientras estoy esperando a la cafetera a que haga su magia me encargo de mi higiene personal, usando el inodoro y lavandome la cara. Normalmente todas las mañanas que es así estoy en piloto automático. Usualmente puedo olerlo antes de que camine a la cocina, y el único perfume embriagante de este es suficiente para empezar a eliminar la niebla de sueño en mi cerebro. Después de re-entrar a la cocina, voy directo hacia el cabinete donde mantengo mis tazas de café. Abro la puertita y alcanzo, fuera del hábito, o tal vez instinto, por la grande de color glicinia, que por supuesto es mi favorita. Entonces tomo dos pasos regresivos a la cafetera, quito el jarrito y derramo a este Dios negro directamente dentro de mi taza. Mmmm…. El aroma es deleitoso, pero eso no es suficiente. Tomo la crema del refrigerador y el azúcar del cabinete encima del horno y le agrego una gran cantidad de crema y tres cucharadas tetéras de azucar. Antes de agitar este nectar cafeinado doy una mirada abajo viendo los pequeños grumos de la crema que ha sumergido hasta la superficie y pienso que estoy maravillosamente decadente debo ser para tener tal indulgencia cada día. Entonces meto la pequeña cuchara dentro de la taza y agito hasta que estoy completamente seguro que todo se ha fusionado justamente bien. El color que tiene es un caramelo sorprendente y huele deliciosamente dulce.
Levanto la vaporizante taza a mis labios para dar la primera probada de la mañana (Por fin…). Es perfecta. Cada singular gota es mas preciosa que el oro mismo en ese momento en particular, y saboreo cada diminuto sabor. Hasta saboreo la quemadura obligatoria que me doy en la puenta de la lengua, gracias al que inventó esto, y por compartirlo con los mortales.
Me siento con mi café en cualquier silla cómoda en particular, agarro el libro cual sea que este leyendo en ese momento y comienzo. Sin pensarlo, alcanzo mi mano al otro lado de la mesa donde estan mis cigarros, eligo uno del paquete y lo enciendo. Repentinamente en mi mano esta el complemento perfecto a algo que hace un momento pensaba que podía ser la cosa mas completa y maravillosa en la cara del universo. Inhalo profundamente, probando el humo del cigarro en las profundidades de mis pulmones. Termino mi cigarro asi como termino la primer taza de este líquido café y entonces el mundo entero tiene sentido. Todo encaja en concentración y entonces vale la pena vivir la vida otra vez.
Estoy listo para encarar el día.

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