Parte 1

II [Días a lo largo]

…Entras en el estado de un intenso coma, dentro de ti, tercera guerra mundial. En mi mente, la escala de Richter no abarca. No puedo evitar recordar como fue encontrarte como mi conexión, como nada era de premios, sino de la afección, una selección mas bella.

Sentado al ambiente penetrante del exterior en el hospital, mi cabello recogido por el aire, arrastrando los pies del planeta, sin dejar completamente lo que soy por detrás. Sólo un momento basta para pararse y quedar totalmente desamparado. La sencillez de un rayo incandescente, como tu rostro, como tú. Me reitero a mi mismo no voltear a mi hombro, no mirar através del vidrio de la ventana donde queda tu cama transversalmente en la habitación, pálida, apatía, lejos de las emociones que te solían mantener viva.

Cierro los ojos y sigues estando. Tu recuerdo te hace ver tan brillante, una combinación de piel y matiz muy bien hecha, formada en la estructura perfecta y por poco puedo sentirte plenamente, pasar mis dedos por tu piel, trazando tu vida desde tus labios hasta el color carmesí de tus uñas.

Aún recuerdo como fue conocerte, drogadicta, caminando con el ceño fruncido, yendo hacía ningún lado con el cigarro en tu mano, botada lejos del corazón de otros siempre con la realidad en el lamento. En una calle con el mismo ritmo cardiaco bombeando a nuestras mentes, por un instante, la vida me pareció ser un oceano de luces donde sólo quedaba tu cabeza volteándose a mis ojos, y tu cabellera bailando inmaculadamente.

Pero abro los ojos y me desconecto de la vereda de los recuerdos; El lugar queda vacío una vez más.

No siempre se puede vivir pidiéndole a una estrella cayendo, como una flor, hasta la mas bella de su especie muere. Me quedo con tu libro.

¿Qué me hubieras pedido?

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