Ellos dicen que el tiempo seca los pozos y que la pasión no puede sobrevivir con los años sin sobrevivir las heridas del peso. Ellos dicen que las llamas son disminuidas con los vientos que crean barreras en medio de amantes de gran difusión. Ellos dicen que los corazones no pueden ajustarse en un mismo lugar y las necesidades no pueden ser conocidas por almas singulares. Ellos dicen muchas cosas, muchas dudas. Ellos hablan demasiado, pero la manera en que me miras a mi y la manera en que mis huesos se encienden perpétuamente en llamas me dice algo diferente. Miro en tu dirección y eres lo único que moviliza mis extremidades.

Las cosas que bailan entre apariencias oscuras son espectros de sueños moribundos y de las vidas que cayeron enterradas debido al peso de corazones dudosos. Tienen dedos de garras y carcomen uñas que son jaladas por la piel y caen a la tentación de los rastros de la noche, susurrando pequeños pecados por medio de muelas ensangrentadas en lo que sus víctimas caen en piernas rotas al sucio piso, caparazones vacíos. son la disidencia y el descreimiento. Son la locura en las calles. Son los demonios. Son la oscuridad. Ellos son el infierno en una reflexión que jamás conoceremos, porque no pueden tentar las arenas del amanecer que nos hacen viajar mucho más alto al cielo.

En las mañanas oscuras cuando no puedo ver la luz filtrarse por cada poro de tu piel, me arrastro debajo de las frasadas para esconderme del peso de la ausencia. Perdona mi redundancia, hoy día estoy muy emocionado con la palabra peso. Puedo escuchar la manera en que hablan bajo las grietas de la puerta y las losas del entarimado. La manera en que susurran mentiras de infidelidad y los gritos de infarto. Tiemblo. Grito. Me estremesco y me retuerso. Y cuando las sábanas de algodón no me pueden esconder mis dudas que impregnan mi hogar y se filtran dentro de mi médula, dibujo progresivamente recolecciones de canciones suávemente murmuradas y labios en forma de petalos presionando duro contra el valle de mi palma. Volteo estos recuerdos y rezo en el corazón por ellos. Me acero en su resolución y espero por el sol falso para calentar mi recámara y ayudarme a esperar por ti.

En tormentas eléctricas puedes escuchar estos otros; lo suyo es una canción intacta encima de las nubes, debajo de las estrellas, sin embargo. Su voz está en el trueno; sus verdades en los mares. Su enojo está en el trueno, su esperanza está cayendo junto con la nieve. Son los gigantes acariciando las galaxias; son la única luz que conoceremos. Cuando las millas dibujan las cortinas y montañas que esconden el sol, ellos son el azúcar en los recuerdos que son balas en tu pistola.
Quítale la polvora, deja el martillo descansar de la cabeza, y dispara tus pensamientos hacia un beso como bala, que rosa desde mis labios para posarse en tus caderas y recordarte la razón por la cual habrá calor en tu cama.

Cuando mis piernas comienzan a tener tics nerviosos y mi pecho comienza a sobrecalentarse, seré recordado de la manera en que tu cuerpo se torza junto al mio y la manera en que las fibras de nuestra piel se galonea dentro de nosotros en un sólo pulso. Seré recordado de todas las razones por las que el amor puede sobrevivir sin respirar bajo el agua y como tus besos-fantasma son sellos para mis pulmones, yo también puedo. Voy a callar estas voces que intentan robar la calma puesta en común en mis células, y atragantarme estos miedos que intentan paralizar mi paciencia. Ellos dicen muchas cosas, pero no saben que el poder y la stámina y la esperanza fluyen en mis venas. Ellos no conocen la durabilidad que me mantiene anclado en tránsito, esperando a que el sol salga cada mañana. Ellos no saben. Así que ellos podrán susurrar y mentir y tentar, pero ellos simplemente me encontrarán en cada amanecer, zumbando la tierra más y más cercana al centro de la gravedad.

Mi vida, ellos podrán ser lo que sea para lo que han sido diseñados, y en el caos de las voces que contaminan los vientos y bailan en las arenas, la nuestra será una sirena que los supera y en todos lados, en las simas y en los mares, encima de los desiertos – entre los árboles. Y si alguna vez su cacofonía te hace caer a tus rodillas: Abre los ojos y recuerda: Este sol siempre será tuyo.

Anuncios