Alone_in_a_perfect_world_by_L337m4st3r

Imagina un mundo sin enojo, un mundo sin odio.

Se dio la vuelta, sábanas cálidas abrazándola haciéndolo muy difícil de conseguir respiración. Quejumbrosa. Suave y abajo y desesperada.
Los pies asomándose, los ojos tiernamente cerrados. Rodillas casi al nivel del mentón de la Mona-Lisa, brazos envueltos alrededor de piernas gruesas.
Los segundos pasando, tick-tock-tick-tock.
Minutos.
H o r a s.
No más emociones fuertes, no más tormentas, niña. [La luna no ha caido, después del todo.]  Las estrellas están brillando fuértemente. Relájate. Respira.
Eso. Lento pero mansamente se hace el truco. Dentro y fuera. Deja todos tus pensamientos desvanecerse como humo de fuego. Ríndete al sueño. Dentro y afuera. Más lento…
Déjate ir.
Y sueña.

Imagina un mundo que no es gobernado por la avaricia. Imagina un mundo en el cuál el amor es más importante que las mentiras, en el que la gente piensa antes de hablar.

Silencio. Preciado, valioso silencio, como un tema sobre el cual puede caminar de puntitas con sus pies de bailarina y sin miedo a caer.
Entonces hojas, hojas polvorientas. El viento repica desmayos a la distancia, o quizás sólo esta confundido con algo más.
Es difícil decirlo, difícil saberlo con seguridad. Todo es extraño, aún en el proceso de formación, envuelto en brisas pacíficas de color blanco.
Canción de pájaro. Contenta, harmoniosa, discreta. Derritiéndose en las hojas polvadas.
Grillos. (Como un niño respirando.) Dentro y fuera. Calmante.
Agua, agua en curso, goteando. Clara, hueca. Guijarros grises y cafés en el fondo de la corriente. Musgo y césped, musgo y césped y piedras resbaladisas debajo de sus pies. Dejándola quieta. Suave y cómoda.
Niebla ligera, el viento timbra mucho más fuerte. Su cabello rubio moviéndose ligeramente al ritmo y tono de la música, ya no está perfectamente peinado. Luz solar. Luz solar derritiendo la neblina, luz amarilla como comida india y cálida como la temperatura corporal de cierta mujer. Luz solar, traslúcida y distorcionada, aprendiendo como nadar en una corriente gentil. Luz solar. Esperanza.

Soledad. Pero sin dolor, todo menos dolor. Sólo un ambiente semi-tranquilo, naturaleza. Tranquilidad. Serenidad.
Sonrisa. Su sonrisa. Labios pálidos de cierta mujer, sin grietas y deshilachados y en proceso de descomposición. Labios pálidos de cierta mujer suaves y valientes y estirados en una sonrisa satisfactoria. Ligeramente amarillentos, dientes irregulares asomándose valiéntemente. Simple, simple pero puro. (Es sólo una sonrisa, pero es una de verdad.)

Imagina un mundo sin armas nucleares, sin oficiales corruptos y sin pobreza y sin hambre y sin anti-semitismo y sin guerras salpicando sus supuestamente destellos de sangre y negros de vergüenza. Imagina un mundo en el que la amabilidad puede hacer una onza de diferencia.

Una mujer. Una mujer joven, que vive sin reloj. Cabello hasta el pecho. Ojos de oceano azul. Brazos cruzados. asegurado su paso.
Las hojas no son crujientes allí. Tiran basura en el suelo. Difícil de saber cuanto tiempo llevan allí. Quizás siempre lo han estado, quizás ni siquiera están allí del todo.
Palabras. A veces fluyendo, a veces duras. Entonaciones. Entremezclandose con las hojas empolvadas, la canción del pájaro, los grillos, el agua goteante. El viento timbra.
”Siéntate conmigo.” Sonrisa. Sin brillo labial.
Observa de venida y de regreso. Estudia sin evaluación. Aceptación sin necesidad de tolerancia.
Movimiento de piernas. Suelo de bosque. Sentado, uno junto al otro. Haciendo frente a la corriente.
”Mira,” dice la mujer.
El cielo, el glorioso cielo. Nubes plumosas blancas flotando a la deriva dentro y fuera de la visión. Brillantes, casi azul deslumbrante. Eternas.
Maravillosas. Acometida de alegría sin diluir.

“¿Quién eres?” la voz de la mujer. Sin agrietar. Sin miedo, no, nunca con miedo. No aquí, no ahora.

Imagina un mundo en el cuál la supervivencia no tiene que ser siempre del más apto. Imagina un mundo en el cuál la posibilidad, la coincidencia y la consecuencia significan exáctamente lo mismo que el destino. Imagina un mundo en el cuál la felicidad no tiene que ser ganada.

“Quién eres?” Casi un eco, de los labios de la mujer viviendo sin reloj.
Grillos.
Agua.
Abajo, hacia abajo en el suelo.
”No sé,” la mujer murmura. Aún sin miedo. Pero la alegría se desvanece, un tunel hacía la falta de sentimiento con luz solar en el otro extremo. Pero sin trenes.
”Tu eres una persona.” La voz cargando. “Eres un hombre que ha sufrido, y un hombre que ha sonreido. Eres un desastre disperso de pensamientos y sentimientos y contratiempos y pasado y presente y futuro y sabiduría y sed y hambre y máscaras y secretos y ojos abiertos.”

Inclino la cabeza, en forma de si. Los ojos de la mujer ya no son un oceano. No, son el cielo. Confianza. Inhalo, Exhalo. Canción de pájaro. Calidez. Calidez recomfortante en su muñeca. Observo hacia abajo; mi mano en su mano.
”Puedo?”
Pregunta casual, implicaciones de raices profundas.
Agua goteando. Grillos

Ella se dio la vuelta de nuevo. Suspiró, sin advertencia empujando la cubierta.
Su mano estaba colgando sin cuidado sobre el eje de la cama.
El suelo estaba empolvado y desordenado, pero ella ya no lo sabía.

Imagina un mundo en dónde no necesitas tener miedo.

“Puedo?”
Luz solar, aún. Guijarros. Cabello hermoso, enmarcando su rostro. Ojos de cielo.
Insistencia.
Grillos.
Inclinación de cabeza.
Calidez viaja por su brazo. Se estremece y voltea a otro lado, en la corriente. En la luz del sol. Aún nadando.
((Sus ojos se dilatan, no de sorpresa, pero de compasión. Las puntas de sus dedos tiernamente trazan las lineas de 164 cicatrices, la mayoría desvanecidas. Cuatro costras. Una herida aún abierta.))
”Te has lastimado.” Replican los ojos celestes.
Lágrimas, corren bajo mejillas pálidas. Vergüenza. La luz solar divide en un millón las millones de piezas en la goteante corriente.
”Todos están heridos. La vida no es fácil.” Un sollozo.
Brazos envueltos alrededor de hombros. La cara de la mujer junto a la de él. Mirando abajo. Césped, musgo, piedras resbaladizas debajo y en medio de sus piernas. Borrosas pero quietas.
”Esas heridas nunca se irán completamente, sabes.”
Sí.
”Eres un guerrero. Pero a veces tienes que tomar un respiro, okay? La vida no siempre es asesinar o ser asesinado.”
Canción de pájaro.
”La vida también es belleza.”
Agua goteante. Nadando dentro y fuera de la concentración.
Calidez, manos sobre huesos de mejilla, forzando su cabeza hacia arriba. Ojos celestes, preocupación, determinación.
Amor.

“Mira. Mira esas hojas.”
”Las que están en el suelo?” Voz débil. Dolor, sí, ahora hay dolor. Pero no hay miedo. Sólo aceptación. No hay un juzgar. No hay evaluación. No hay tolerancia.
”Sí. Dime de ellas.”
Las manos ya no están en las mejillas. Se dirigen hacia abajo, observando, reflexionando.
”Son bellas. Cada una de ellas tienen un patrón ligeramente distinto. Venas muy prominentes. Colores diferentes. Muchas formas. Muchas de ellas, en todos lados. Y…” Otra incistencia. Inseguridad.
”Prosigue.” Voz celeste.
”Cuando las pisaste, ellas no… ellas no crujieron. No estaban rotas. Sólo se quedaron ahí, inmóviles.”
Canción de pájaro.
Grillos.

“Desearía poder hacer eso.” Susurro. “Desearía no estar roto.”
Pausa. Cabeza arriba otra vez, en ojos celestes.
”Son hermosas,” La mujer termina. Asombrada.
Sin tiempo suspira.
”De verdad crees,” pregunta un poco impaciente, “…que las hojas no están rotas?”
Más inseguridad.
”No se ven rotas,” la mujer dice.
”La mayoría de las cosas rotas no prefieren mostrarlo. Esta supuesto a ser una forma de defensa. No estoy sorprendido de que estas hojas sean hermosas. Elegiste ignorar su dolor obvio y amarlas por su fuerza. Pero tu no puedes hacer eso, nila.” Mano gentilmente acariciando un cabello rubio. “Porque esas hojas, ellas se destrozan pieza por pieza. Y cuando se mueren, no vas a entender, o sí? No entenderás porque se fueron.”
Una ola poderosa de remordimiento.
”Lo siento mucho,” la mujer murmulla. Evita sus ojos.
”No lo sientas,” dice. “Toma tiempo y práctica saber mas. Lo que te estoy diciendo es lo que necesitas mirar más de cerca. Acaso las hojas no tienen bordes dentados?
Sí.
”Pero mira que frágiles son. Sólo toma un soplar del viento, y poof, se fueron.”

Hojas singulares amarillas, yéndose léntamente, alcanzando la corriente.
Agua goteante. Borradas.
”¿Cómo hiciste eso?” De regreso a los ojos celestes, sin comprender. Un poco de miedo.
Los labios de la mujer regados de nuevo en una sonrisa para amar.
”No lo hice.” Grillos.
”Puedes decir que el viento lo hizo, o que la hoja se movio de su propio eje, si te hace sentir más cómodo. Pero la verdad es, que tu lo hiciste.”
Ojos expandidos.
”Yo? Pero… ¿Cómo?” Confusión.
La mujer suspiera de nuevo.

Imagina un mundo en el que vivir es proporcional a estar vivo.

“Abre tu mano.”
Lo hago, léntamente.
Brisa.
”Puedes cargar infinidad en ella.”
Grillos.
”Pero sólo tienes que querer.” Los ojos se hacen más pesados. “Tienes que tener la voluntad de resistir y de poder dejar ir”.”
Agito mi cabeza.
”No entiendo,” Lo admito, frustrado.
”Entonces deja de tratar tanto. No estás en una batalla, aquí estás seguro.”
Suspiro, sonrisa. Aceptación. Paz.
La corriente goteando.
”¿Cuánto tiempo ha pasado?”
Luz solar centellando.
”En realidad no importa. El tiempo no se te va a escapar.”
Sí. Observa en los ojos celestes.
”Te amo.”
El viento timbra.

Imagina un mundo en el cual decir lo que sientes es algo bueno.

Pataleo y me quejo. Me doy la vuelta.
La luna no ha caido.

“Bien,” La mujer dice. “Yo también te amo.”
Guijarros, grises y cafés, agua goteando. Luz solar, aún cálida, aún cómoda.
Hojas empolvadas.
”Me puedo quedar aquí para siempre?” pregunto.
”Sí.” La mujer responde símplemente.
El viento timbra.

“¿No tendré que despertar? No tendré que regresar a un mundo real?” Miedo de nuevo, pero diluido, desmayante.
”Sí,” La mujer dice. “Pero eso no quiere decir que no te puedas quedar.”
Me paro. Sonrío.
”Espera!”
Ella espera.
”Sólo quiero agradecerte. Por mostrarme todo esto. Por salvarme”.”
”Oh, no necesitas agradecerme,” contesta, su voz distante. “Ni siquiera existo.”
Hojas empolvadas. El viento timbra.

Imagina un mundo donde no hay discriminación. Imagina un mundo donde la venganza no tiene sentido y donde la gente en realidad se preocupa la una por la otra.

Me quejé de nuevo y desperté. Abrí los ojos, miré atontado al reloj.
11:11 p.m. hora de hacer un deseo.
El sol estaba saliendo de fuera, rosa hermoso, púrpura, naranja, rodeado de un punto blanco y brillante asustando a las sombras.
El reloj debe estar roto, pensé. Bajé las mangas de mi suéter y escondí las cicatrices en el brazo. Después, en el mismo día, escuché que una bomba había caido. Pero ahora, recordé ese sueño, en el cual una mujer me regaló un mundo y me dijo que me lo podía quedar.

Imagina un mundo en el cual la gente se ayuda el uno al otro.
Ahora, deja de imaginar. Deja de imaginar y comienza a regar. Si dieramos una mano, podríamos crear un mundo como este para cada persona en nuestro planeta de sufrimiento.
Todo lo que tenemos que hacer es tratar.

Insipirado en John Lennon.

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