Nunca volví a ver su rostro. A despecho de las señales de neon y las brillantes luces, nunca le volví a ver el rostro. Pero yo sé que era bella. Vestimenta en negro, sensual y seductora… Estabamos ahí, todos (nosotros), en algún punto de la ciudad. No puedo recordar nuestra plática exacta. De hecho, casi no me acuerdo de lo que pasó. Pero así es como funciona un sueño, al menos a mí me pareció un sueño, aunque mi cuerpo certéramente no tenía los ojos cerrados.

“Vamos!” Me dice. Y ahí ibamos, arrastrando los pies por el mundo, la adrenalina bombeando en lo que nos deslizábamos entre extraños a la deriva que parecían derretirse conforme pasábamos al paso de una brocha sobre el lienzo. Algo estridente se disparó en mi tímpano. Mi corazón se sintió como si estuviera vibrando. Todo brillaba; Luces como olas, ondulando la multitud. Y a ella. Y a mí. Y a nosotros.

Gritando. Hablando. Riendo. No puedo recordarlo todo. Pasó tan rápido (Aunque a ojos exteriores hubiera parecido una eternidad), desearía que nunca hubiese terminado, a pesar del aburrimiento sofocante del ojo externo, lo siento, soy egoista.
En lo que nos empujamos entre las muchedumbres, nos encontramos solos finalmente. Sonríe con una mueca que apenas pude ver y me conmocionó. Caminamos dentro de las sombras, y el ruido se calló a un costado, sin que me diera cuenta. Di un paso al frente. Por alguna razón desconocida tenía miedo. Ese sentimiento triste de presentimiento…. y aún así seguí caminando sobre y dentro de la oscuridad, conducido por la luz que destellaba de su cuerpo que sólo YO podía ver, brillando desde su figura esbelta. El airé comenzó a enfriar, y el gris perforó lo negro en ángulos afilados. Paredes de roca comenzaron a formarse. Y ella también. Se dio la vuelta y rió con su voz centellante. Y entonces se fue.

Antes de que pudiese reaccionar, ya había comenzado a precipitarse dentro de la caverna, saltando sobre piedras y obstáculos con una gracia felina, torciéndose y saltando sin esfuerzo. Me lanzé después de ella, mis oidos zumbando. Volé con la misma facilidad que ella, navegando dentro suave y silenciosamente. Aún así ella parecía seguir más y más lejos. Ella nunca miraba de regreso. Y entonces comencé a tener miedo. Detente, espera! Pero en los sueños nunca puedes decir una palabra fuera de lo permitido. La caverna se curvó hacia arriba y ahora estabamos escalando, delimitando a lo largo de vigas de madera y ella seguía más y más lejos. Hasta que desapareció. Seguí subiendo, mis pensamientos iban tan rápido como mis pies. Hasta que alcancé la cima, y momentaneamente quedé ciego en lo que la luz se filtró en mis ojos…

Cuando los volví a abrir, estaba en la cima de una torre, encima de una isla sobresaliendo de la ciudad en la línea del horizonte detrás mio. Un gran puente de madera iba hacia fuera de la isla, hacia una gran tierra de llanos y bosques. Y ella ya no estaba. El miedo aplastó mi corazón en lo que le crucé. Puedes imaginar el terror y la frustración, ninguna palabra podía salir de mi garganta. Me debatí entre la perdición y la rendición para seguir caminando, mis piernas tenían sueño. Creí haber escuchado un grito, pero no estaba seguro.

“No me dejes…”

El puente se rompió y agrietó, finalmente colapsó en el agua.
El tiempo pasa. Años, creo. Nunca sabes nada en sueños. Pero me encontré, más viejo, distinto, cerca del rio. Tomando cosas que no eran mias. Entonces escuché una voz.

“Hey!”
Entré en pánico, solté lo que llevaba, y corrí.
”Espera! Regresa!” No me importó, no me atreví a voltear mi rostro. Un segundo se partió en dos y colapsé en el agua.

“Porfavor…!” Había algo en esa voz. Miré finalmente, con un corazón jadeante. Y entonces todo a lo que le temía se derritió. Ella estaba ahí, con ojos que no podía ver, llena de duda y… ¿dolor? Sentí mis piernas débiles. Apenas me podía poner de pie, difícilmente ir a ella.
Escásamente capaz de sostener su mano. Difícilmente.

Caminamos por un momento, hasta que alcanzamos una planicie enorme. Una casa pequeña yace a la distancia.
No decimos nada. Se sobó el hombro nerviósamente.
Finalmente, mi garganta permite la salida de mis primeras y últimas palabras:
”¿Sabes? En los días antes de ti el sol me parecía tan bello y vanidoso; En días como este, me parece tan hueco y opaco. Creo que finalmente siento…”

Me voltea a ver por primera vez, no puedo creer que mis ojos al fin reconocieron su conexión. “¿Qué sientes?”

“Siento que he ganado tantas veces que por cada triunfo comienzo a sentir el peso de la derrota, comienzo a tener miedo a separarme de los lazos que me atan… a ti….”