no somos más de un “si…” susurrado suávemente

somos anillos de humo en la oscuridad, burbujas de jabón sobre el borde del agua, somos ojos brillantes y dedos tímidos tocándose entre los velos de introducciones. estamos en una carrera, de lado a lado y nos aisla el separador de un libro, sin llamarnos el uno al otro, pero consolados por el eco en el pulso del otro. somos extraños que no son extraños el uno del otro, técnicamente, promesas garabateadas en pedazos de papel doblados, deslizados debajo de las puertas en la mitad de la noche.

las posibilidades están brillando irradescientes entre nosotros, ojos sobresaturados mientras bailamos en círculos alrededor del uno al otro. hemos sido empujados dentro de habitaciones con polvo solar filtrado, labios rezando como palmas, dedos atrapados dentro de rizos oscuros y trazando mejillas débilmente hoyueladas. los futuros se desenrollan en el giro de una sílaba, un segundo rompiendo todo lo que creíamos saber acerca de como serían nuestras vidas.

existencias completas saltando adelante desde las sombras con el poder de un tren de mercancias, golpeando todo lo que creíamos verdad. todavía no encontramos nuestros pies pero los estamos buscando juntos, tropezando con rodillas débiles y tobillos espinados, riendo en lo que nos agitamos de lado a lado. porque no somos nada nuevo ni nada viejo. estamos grabando nuestros pulsos y poniéndolos en repetir para bailar toda la noche

y repentínamente, la palabra más bella en el mundo entero es “si…”
repentínamente, el quizás más bello en el mundo entero somos nosotros.

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