Somos los sobrevivientes.

Somos los revolucionarios buscando aventuras en la punta de nuestras narices mordidas por el frío congelante, los piratas desafiando el océano furioso, los radicales incendiando nuestras venas. Somos los bucaneros robando corazones y dejando nombres atrás, los insurgentes desgarrando continentes y purgando los poderosos rios.

Somos los rebeldes causando disturbios en la mitad de las calles, los amotinados gritando canciones a todo pulmón, los bandidos escribiendo poemas en todas las tapas o sin ninguna del todo. Somos los que están haciendo las reglas sólo para romperlas, atacando los lienzos con pintura y llamando a las heridas arte, desgarrando rosas para plantar flores silvestres porque no soportamos ver la belleza tan recortada y refinada.

Somos los que creen en una belleza que es ruidosa y medio fea, que se tropieza con rodillas raspadas y labios resecos. Somos los que creen en el arte que es vulnerable y agitado, que es ronco y rasposo, que no está pulido y guardado en un baúl pero que está cubierto en arena y sembardo a lo largo de playas con niebla.

Somos los que creen que el amor corta cualquier mano que sea lo suficiéntemente valiente como para sostenerlo, que está raído y desvanecido, eso es duro – pero no sólo en los bordes, pero complétamente. Somos los que creen en que la valentía puede ser encontrada en un susurro, la simpatía en un vistazo, esperanza en una sonrisa y la fe en dónde sea que miremos.

No somos perfectos, ni clásicos o elegantes, no somos ordinarios o esperados. Estamos todos mal, somos egoistas, todos quemándose con preguntas y sin el sentido alguno de los límites. Somos mucho más de lo que se puede contener, mucho más como para ser apreciados, mucho más como para ser detenidos.

Somos la sublevación, los malditos, los negligentes.
Somos los sobrevivientes y no nos estamos desvaneciendo.

 

Fotografía: Rach London

Anuncios