Yo no sé como escribir.

Sin embargo, ahora SI entiendo los conceptos y los temas; las palabras sólo son formas presionadas fuértemente juntas en un atentado para decir lo que mi lengua aparéntemente no puede y las frases ya están obstruidas en mi garganta que soy simplemente una botella de champagne con toda la efervescencia y ninguno de los placeres. Manchas de tinta y manchas de lápiz y el descanso de una máquina de escribir para quedarme sin nada más que fragmentos de papeles cayendo por mis codos y apilándose alrededor de mis pies en un intento de esculpir significado en la ausencia de lo que yo debía llenar.

Verás, los escritores conocen la manera de redactar y conocen la pluma que llevan en la mano. Es cuidadoso, y planeado, y el arte está en elaboración y las horas de sudar son plasmadas en cada sílaba. Es una labor de amor y amar la labor y cuando la última puntuación es añadida, no queda una coma o la curvatura de una letra que no ha sido mimada y que haga entrada al lugar final del descanso.

Yo, sin embargo, no sé como escribir.

No, en lugar de eso yo sé como escupir recuerdos y emociones hasta que son regadas sobre el paper y sangrando sobre la cubierta trasera de una novela. Verás, no soy nada más que un huracán; Estoy rompiendo los techos de las casas en mi imaginación para ver como queda el producto final cuando quede manchado a lo largo del cielo. Estoy haciendo clic complétamente sobre mi pecho en una costilla a la vez, sumergiendo mis dedos en los cañones y dejando el exceso gotear sobre el suelo; mira y dime lo que ves. Mira y muéstrame lo que significa para ti.

No soy cuidadoso – mis palabras son abandonadas y abusadas. Mis trabajos nunca son finales, pero más bien quedan lastimados y adoloridos y siempre están listos para ser empujados nuévamente a una esquina para que el último desorden quede colocado en el centro del escenario. No están pulidas y si tratas de sostenerlas, únicamente te cortarás los dedos en el proceso. Son afiladas y dentadas y son entidades vivientes que muerden a los que se acercan. No están hechas para ser examinadas, más bien sólo son experimentadas y cuando los aullidos desvanecientes se hayan disminuido, se supone que únicamente tienes que pensar en la manera en que tu pulso se fue serpenteante mucho más rápido o la manera en que lo incoherente hizo tus pensamientos dar vueltas y vueltas hasta desvanecerse juntos como el último trueno en un día de lluvia a la niebla distante.

Yo no soy un escritor; yo soy un asesino armado con palabras. Soy un desastre natural con las raíces en las frases. Mi sable gotea tinta y mis incisivos están rasgando en la yugular de los pensamientos. Yo asesino con oraciones y despojo con párrafos. Disparo versos que llamo poesía como una ametralladora colocada entre mis dientes y espero que en algún lado la bala derrame golpes a los nervios. Que quizás en la cuchillada de la espada pueda cortar algún sentido en los disparates ahogando mi lengua y encima del papel para reacomodar estos sonidos y convencer al escéptico de que SI soy un escritor.

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