Hace tiempo…

Hace tiempo creía saberlo todo. Creí que podía sentarme en el borde del precipicio, saltar y nombrar esta acción “volar”. Creí que podía besar la brisa con labios llenos chapstick y llamarlo amor. Había un dolor bello que asocié con la vida, una quemadura dolorosa que estúpidamente abrazé. Mis huesos se iluminarían con el fuego y bailaría, bailaría hasta que mis pies se disolvieran en la orilla y arrojará restos de mis palabras como migajas de pan al aire.

Fue rápido y peligroso y ruidoso. Era como partir tus huesos en dos para conocer el sonido de un infarto junto con el de una médula fragmentándose. Era como tocar tu lengua para sentir el crepitar de mis nervios y conocer como se sentía robar tu voz de la punta de tus dientes. Era un peligro que tomé dentro de cuevas en mi pecho y respiré fuerte – como un barco hundiéndose para mirar el camino por el que el oceano se traga la arena de la orilla o poner dinamita en el borde de tus almohadas simplemente para saber como se sentían los sueños cuando explotaban.

Verás, hace tiempo vivía sin miedos, cuerdas, o inhibiciones. No tenía límites, libre como una rosa. Vivía en el epicentro de los terremotos y el ojo de cada huracán era casa. Rechiné mis dientes y me recogí el cabello de la frente, y grité hasta que mis pulmones se arrodillaron a rogarme. Estaba vivo; dañado, hecho mierda y lacerado y roto y hecho mierda y vanidoso y amoroso y salvaje y hambriento y hecho mierda y asustado, pero más que nada – Estaba vivo.

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