Se vuelve como vencer a los nueve puntos, a los nueve comas de mi sueño y a los nueve lapsos del mismo. Nueve porque no siete y no siento porque llueve. Se siente una reminiscencia del pasado transcurrido a lo largo de una vida vivida a base de piedra que rueda, por las calles, los senderos. Probablemente terminaré sabiendo al fin que tengo yo.

No quisiera viscerarme pero si irme bien lejos, a los árboles, allí dónde lo lejos, me es igual a donde realmente, pero no junto a quien. Que así sea, así debo pensar. Pero estoy perdiendo la cabeza cuando divago en el mismo tema. Si supiera contar cuentos que han sido desconectados e inacabados dedicaría uno a cada persona que le brilla los ojos y que me deja pensar, le recitaría silencios a quienes me ganan con gestos y no con palabras.

Finalmente el ser imperfectos nos hace perfectos. Pero hey, yo creo que deberías darte la vuelta y caminar conmigo, y seguirme, seguirme al callejón, incluso lo seguiría a él en búsqueda de un desastre miserable. Cierro los ojos. Termino de redactar mi pensamiento puro, que va de aquí pa’ya, de allá pa’ca. Como estar solo con alguien sólo por estarlo. Cierro los ojos.

Empecé a darle el último jalón a mi bien-estar, para que se mantenga donde debe de estar. Y no alejarla.

De mí.