A veces me pregunto si te gusta disparar sólo porque te gusta el sonido de la bala.

Otras veces, me quedo preguntándome si es el metal en tu mano o el sabor que queda después. Crueldad de una persona envuelta en una lengua de mentiras, la pequeñez de la serpiente de eva, la falsedad del oceano golpeando en la primer tormenta. Eres completamente mentiras, humo y espejos – jalando la tierra con la punta de tus dedos simplemente porque ya no puedes sentir el sol.

Aún así, incluso cuando estoy empapado en mis pensamientos y plantado de raíz en mis dudas, soy léntamente jalado a la superficie. Me jalan a la fuerza de regreso a la realidad (el trabajo de un artista debe ser disfrutado. ¿y quién soy yo para negarte ese placer?) así que estoy obligado. Toco la palma a un lado y mi mano regresa mojada. Regresa roja. Cálida y pegajosa y aunque el dolor irradia por mi cuello y baja por mi lomo, no puedo llevar mis pensamiento más allá de como se filtran los colores entre las grietas de mi mano. Mi aliento crece superficial y aún así estoy cautivado con la manera en que se expande- rápido por unas partes y lento en otras. Como un virus, creo. Que apropiado.

Te estás riendo de la destrucción y me pregunto si puedes ver la belleza del todo. Yo he conocido belleza y caos y siempre estoy escéptico pero esto no es nada de eso, esto es alegría en dolor – esto es celebración de agonía. Es con un propósito y deliberada y el objetivo del francotirador es enviado para enviar choques reverberantes por los cañones de mis palmas rojas. Es la concentración de un escultor y el abandono imprudente de un pintor. Está arrojando acrílico al lienzo, jalando la pintura transversalmente en el papel, poniendo metal sobre la madera.

Es el trabajo de un artista. Tragedia.

Mi camisa está empapada y mis mejillas secas. No puedo evitar notar que tu dedo está en el gatillo y el hecho de que mis pies ya no están en el piso. Me estoy moviendo — Estoy corriendo hacia atrás. Estoy interfiriendo con la pistola y el objetivo, hasta el fondo de mi mentón. Te ruego que dispares otra vez, pero vuelves a fallar. Dispara y muéstrame que es lo que realmente quieres.

Enséñame que tienes el poder y que tienes el gatillo y que puedes lastimarme cada vez que quieras, simplemente porque quieres. Porque te divierte. Porque eres frío y oscuridad y odias el brillo de la calides irradiante en mi lomo. Odias el baño de sol que toma la mitad del mundo donde yo vivo. Así que jala el gatillo y velo explotar, tendrás gloría en el poder que has creado, las riendas que has controlado y te reirás de los colores filtrándose por las grietas. Eres un artista, así te proclamarás. Como un artista.

Pero aún así, no vas a ver – Nunca tuviste el poder.
Al final, habré sido yo quien jaló el gatillo de tu odio.
Así que dispara nena, vas a fallar otra vez.

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