El dolor en cautiverio. ¿La extinción del caballero? Destilado como perdición. Existe un tiempo prohibido, un templo en la beatitud de conocer al decaído para relucir la vida. Un tiempo que no se mide en números pero en letras que forman palabras y palabras que forman el vacío en la inexpresión del pseudo.

No es pensamiento sino desverbo porque no lleva acción. La temperatura ahora es antónima de si misma y todo lo que es el yo se ha vuelto ajeno, la heteronomía parece un lugar agradable en el cual estar pero en saudade se siente un lugar vacío. Final y principio; nacido con premura y puesto a lado de unas cerdas. Leche en ambas orejas.
En los momentos de soledad me he exacerbado en la mortandad de un suicidio mental.

Una mente en estado vegetal. La deficiencia de latidos genera conflictos con los nervios mas recónditos de mi humanidad, el destino es una solitaria tumba con 300 libras de tierra encima.
Gracias a la muerte por no nacer de nuevo, por no florecer en esta etapa de vida, por aplazar nuestra primera y quizás última cita, por no hacerme escuchar el grito del cristo en el calvario.

Bendita sea el alma que ha corrompido cada rincón del silencio en mi mente.
Porque para amar todo lo que hoy amo, el sufrir de esta manera se vuelve la elección de sacrificio mas dolorosa y apremiante que puede existir.

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