Cuando me desperté, después de ducharme como de costumbre entré a la cocina para preparar mi café con pan francés. Una cucharadita y media de azúcar en mi espresso.
Las delgadas cortinas de la ventana de la cocina se agitaban de forma graciosa con la suave y fría brisa que se colaba entre ellas; sus ondulaciones me dejaron ver aquello que creí había olvidado, pero estaba tan presente como siempre. En un extremo de la tela, estaba esa mancha oscura, era café. Y como una película en blanco y negro, reviví de nuevo aquel recuerdo.

Era una mañana fría, igual que esta, ahora que lo pienso bien pudo ser esta misma mañana. De la ensoñación a la realidad, miré detrás de mí, imaginando que podría estar allí, aún. Silencio. Sólo el constante tic tac del reloj se imponía por sobre toda la casa, taladraba algo dentro de mí porque sentí un profundo dolor, pero era demasiado tarde, así que una expresión crispada, unos puños apretados y un par de lágrimas me delataron.

Todo proveniente a un sueño que tengo con frecuencia. Viene a mi como un fantasma por las noches, pero al no ser una presencia de la región invisible; lo espero con algo de entusiasmo.
¿Que hay en ese sueño? Poca cosa en realidad, un fondo blanco y un río cristalino sin principio ni fin, pero, este sueño es tan especial por una sóla razón, porque sin esa razón esta fantasía de bello durmiente no tendría ningún sentido y caería en otro de los repertorios del subconsciente.

Si camino entre el fondo me río, si camino entre los bordes tirito; meto mis pies al agua que los recibe con delicadeza, cruje entre piedrecitas pulidas, y hay unas risas de personas que comparten su felicidad. ¿Qué dicen las voces?

Irracionalidades.

De vez en cuando alcanzo a notar mi sonrisa en la penumbra. Ya viene. Hay algo del otro lado de este río. Cruzando el camino y mientras las piedrecitas arañan mis talones, con desesperación y ansiedad llego al otro lado. Alguien extiende su mano para recibirme y entonces, al levantar la vista puedo ver. Una sonrisa que dice más de lo que las palabras pueden formular. Necesito escuchar. Necesito la luz que se me arrebató desde las tinieblas.

En fin, así empieza mi día y salgo a trabajar por la gran avenida, veo a la gente pasar. Distraída. Con sus ires y venires caminan sin cesar, algunos deben ser importantes, mitómanos y otros son tan comunes como yo. Grandes empresarios o meseros, simplemente ¿hay alguna diferencia? Yo creo que no.
Me preguntaba si en esa pequeña ciudad que llamamos mundo había una persona destinada para mí. No se confundan, no soy fiel creyente del destino, creo más bien en esa maravilla llamada casualidad.

Muchos en el camino por la gran avenida me decepcionaron, otros se levantaron de su lugar y se fueron, unos más, aún están allí, conmigo. Y de pronto otra vez solo en esa vetusta oficina llena de sonidos propios y envuelta en cuentecillos fantásticos; yo estaba acostumbrado a quedarme solo, no me importaba, me daba mi espacio, no siempre me he sentido cómodo con gente a mi alrededor.
Suspiré aburrido y miré el retrato que coloqué sobre el escritorio, en aquella fotografía estaba mi mamá y mi papá, la fotografía fue tomada en una boda familiar, ambos están sonriendo y aunque sea sólo papel y tinta; sus expresiones están llenas de brillo y felicidad, aquellos santos días idos que no volverían nunca más. Miré el retrato tan fijamente que mi mente se perdió en recuerdos vívidos, recuerdos de sueños y conversaciones que nunca volverán. Sin darme cuenta de que de mis ojos brotaban lágrimas, la sensación húmeda en mi piel me trajo al momento de nuevo, con mi mano las sequé  y desvié la mirada hacia el trabajo que había que hacer.

Soles y lunas he visto caer del cielo, personas muertas que caminan entre mí he saludado. Siempre me dan la espalda, tarde o temprano, encuentran mejores cosas a su diestra y yo soy devorado por el olvido. Dependiente o independiente, yo encontré la manera de tener a ambos enemigos juntos y no puedo tomar el camino fácil esta vez. La muerte me enseñó sabiduría a una edad relativamente corta, y con sabiduría se abre un prospecto a ser eterno y una estabilidad predominante, quizás, pero incluso con eones extraños, hasta la muerte va a tener que morir.

Así es difícil verle futuro a la vida, es extraño, sólo cuando ella me toma las manos se ve bien claro.

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