Se fue el universo que es sabido de mí. Se apagaron las palabras y los relojes se rompieron. Sigo siendo y ya no soy. Vuelo, sobre aguas quietas, flotando. Se rompieron mi imaginación y mis esfuerzos. Todo agua soy y allá voy mar adentro… La neblina me difumina, fría en mi infortunio y calla a mi mal augurio. Verano otoñal, que se vuelve primavera en la percepción de retinas magnolias.

Aterrizo al otro lado del planeta. Soy diente de león, desprendo generaciones y me sé una extraña sensación, no he hablado suficiente pero muestro ese ímpetu que me distingue por mirada. Aurora mi razón, mi razón mi complexión.
Es el día más inexistente, sin saberlo me he comido el día, sin cuentos quedo y de las zanjas emergen palabras.

El desfiladero es puerto que recorro, de la marea surgen inconveniencias y si siguieran sus directrices desistiría, harto e inocente. Calma ya la profundidad; El mar la tierra, azul nocturno el cielo.

Oceáno de oriente. El oleaje cambia y a brazos extendidos me tumbo, sello mis párpados. sonidos envueltos en moño y porcelana, este mar pincel en silencio me bienvenuta… Me empapa revolviendo paleta y arena quieta, a mi respiración encierra. Me aferro y espumo cual abrazo me sacude. Cansado de las mañanas y de mis bellezas dolorosas. Guijarros lluvia y piel guijarros. A merced de esta corriente brillo rojizo.

Inhalo, exhalo… Todo agua soy y allá voy mar adentro…

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