Se cae mi nombre en una lluvia de estrellas y las que regalo también se caen, al igual que letras que escribo antes de ser publicadas, cartas, si quieres nombrarlas. Simples fugas de ideas y pensamientos que han abandonado una mente llena de banalidades sin mucha importancia. Ejercen bajo el pleno comienzo de mi desapego por dejar todo, hasta el tiempo que me es importante para volverme un señor sin oficio, uno de tal, eso sí, muy ocupado.

Calzo los mismos zapatos sin embargo porque no sé si he de salir huyendo algún día, cuando las estrellas me caigan por encima o cuando esté muriendo por inanición y todas mis ventanas se cierren. Hasta tú te sorprenderías. Sin pausa y sin tregua alguna. Mas allá de el mundo irreal, el recuerdo. La idea tan cierta de que todo ocurrió conforme lo planeado para el bien de algo, el olvido ¿quizás?

Tiempo de culto. Tiempo de errores. La falla más grande, no dejarme dar todo lo que podría. Quizás no quepa en esa vida, pero igual mantendré todo en resguardo en caso de que sea necesario abrir el cajón nuévamente.

Lluvia de estrellas. La realidad entendida.
El silencio obligatorio sin placer.