No todos usan el mismo color. Es el tiempo y no sólo es tiempo, sino el tiempo en la movilidad de mi memoria y aquí estoy. Pensando cartas y soñando cambios constantemente, una evolución le dicen ellos. Desprendimiento final.

Siempre atraído a la luz, choco con el cristal de la ventana, soy cual simple insecto trazando figuras en la luz.

 

“Fuera luz” tartamudea con una gentil ignorancia de lo hecho, “Sal y piérdeme”.

Dentro de esta obra en proceso, en filamentos de acero regados en el suelo de lo metal, en el fijo centro; la forja. El artista dando vida a lo inerte. La tarde, un eclipse de árboles, y las estrellas por fulgir dirán que sí: Hoy se hace recuerdo. Uno en que los colores no se mezclan, no saborizan. Cada uno en su lugar respetando los espacios de los demás. Pocos así.

Muchas efusiones domingueras me llenan la cabeza el día de hoy y hoy tengo palabras. Las mismas viejas que ahora con los años suenan diferente. Unas duelen, otras alegran y otras viven. Se usan o se deshechan. Denuncian o envuelven días. Son acervo y progreso.

De la ventana, a la lejanía siempre viene una nube amenazante con lluvia de pensamientos. Le duele al corazón, corazón sin referirse a músculo vital que bombea sangre. Refiriéndose a corazón, el intangible, que alberga el alma. Le duele sin poder explicar bien que hay en su catálogo de imperfecciones, en el espasmo interminable de angustias.

No todos usan el mismo color y no todo lo que brilla es oro. Rey de ciegos y rey de sordos y se rompen si les das aire. No caminan, patalean. Destrozan pinceladas y florecen mil y una flores, letanías a tan oscuro y cítrico sabor… Coloridas, naturales, de papel de china o de cartón. Inexistentes y siempre vistas en senderos que han sido llovidos de tardes en blanco. Florecer pides, o así lo quiero escuchar en el aroma de la tranquilidad.

Óyeme los ojos y observa la sensación de arropo que hace dudas desaparecer, la paralización de mi ser en amalgamas de ocre y bosques magnolia, descifrando el orden dentro del caos de materiales. Salgo del embeleso dejando galerías y cajas de fotos mentales por mi reverso. Desde ese entonces es mi cuerpo único quien regresa a casa.

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