Me han besado la frente en cara de su viejo fugitivo, resbalándome de escaleras empinadas y cayendo en picada, incluso cuando he llegado a guardar la mano en lugares donde no se siente; un rincón del mundo irresuelto por el ojo. Soy náufrago de rompecabezas con piezas faltantes sin fechas de caducidad. Soy el Ursel Moiras, títere de diversión admitido. Aprieto mis sonrisas cuando no me toman en cuenta y se arrodillan para romperme el corazón después y su inclinación sádica se va hacia adelante hasta romper con el suelo.

No saben porque no sangro, pero es bien sabido que lanzo las llaves en la mesita de noche buscando desesperadamente la botella de píldoras insípidas que van de celda en celda. No siento nada. No hay sobredosis de metas en mi estómago, no hay levitación ni separación de números para alimentar la garganta al buen placer de tal inexistente y cuan furioso impulso al revés que fluya de frío a donde hay que huir.

He dormido hipnotizado a las lágrimas de un corazón cerrado que se resuelve como un Rubik y no se mueve, es mi imagen favorita: En la que no soy capaz de encontrar en mí mismo el poder de contribuir de manera decisiva a lo personal.
Cada pensamiento mio va en medida que es útil para arreglar otras vidas en despertares imperativos del letargo y la ignorancia emocional. Como aburrido deámbulo a la izquierda simplemente porque estoy demasiado ocupado en una rutina de supervivencia falsa.

Así que me tiendo al infinito, cruzo el tiempo del silencio y aumento la reposición de nuevo, para así elegir palabras lúdicas a pronunciar y claro, sin mirar alrededor para parecer que me ausento. Empapado en una extraña familiaridad es más fácil de jugar.

Febrero es malabares de lo mismo, emocional y triste pero voy a sonreír con una sonrisa que esponje, voy a negociar una y mil veces siendo como siempre soy, arrogante rebelde. Cara sucia, ingenuo, de sueños infantiles ó como tu quieras. Seré el aficionado en mi propia vida en lugar de estar con los profesionales, con la promesa de no pedir nada a cambio.

Parpadearé cuando un fragmento microscópico de mi vida haya tomado orgánicos repetitivos. Cuando sean testigos de la metamorfosis de mil y un silencios. Ciego idealista veo al mundo en traje de buceo. Observo más cosas de las que realmente se dejan entrever y puedo deducir la quinta escencia de las cosas desde una experiencia revelatoria… Siempre he dicho que yo no sirvo para cumplir los intereses de este extraño canibalismo social pero no dejo de respirar, porque me recuerda que sigo vivo y que me queda tiempo.