ImagenRegreso a la tristeza, dentro del contexto de todo lo que pudo haber pasado quizás me puse la ropa equivocada todo este tiempo, quizás los buenos días son mentira o cuál sea el nombre que se les de, quizás fue la falta del sarcasmo habitual, el olvidar que necesito olvidar, el no tratar de pensar demasiado, el querer superar la adversidad como si fuera la última gota de agua en el universo.
Perdí. Quizás fue mi paranoia o mi luto espiritual por haber muerto hace dos días.

Tengo una melancolía, una melancolía sin caminos y sin esperanza de un mejor mañana por más que el sol reviente en lluvia, por más sueños de besos infinitos. Los mismos tristes, escenarios para la misma farsa redoblada por veinte campanarios. Cada que caigo es casi como un rito besar la almohada triste donde durmió mi última sonrisa. Cerrar las cortinas y apagar locuras que quedaron encedidas; hacer prisiones nuevas para mi alma cuando ya siento que no hay a dónde hacerse. No tengo tiempo para nada y apuro el nudo tenso que fue canción alegre en mi garganta. Soy como niño cuando enferma.

Este infierno acabará por ganar la guerra, estoy moribundo de fracasos y la canción de la perdición colma mi silencio. Indefinible triste firmamento,

Comienzo, recomienzo y no avanzo. Traté de llevar con ligereza mi condición: las enfermedades, el insomnio, las pesadillas, los momentos de expansión, la idea de la muerte, el mañana a expensas del hoy, el hoy que es culpable a primera instancia de mi muerte mental. Sin esperanza estoy y ya me gastó la espera. Abandono el no obstante, el aún, el a pesar de todo, las moratorias, las disculpas y los exculpantes. He perdido la fe en todas estas construcciones de piedra, ideas, cifras. Desertó mi sombra, los recuerdos me mataron.