Mátame con la verdad en vez de tranquilizarme con una mentira. La mosca en la pared ha visto muchas cosas, su ciclo, en expiración. Escucha el aleteo de las alas, es la incertidumbre a flor de piel gritando, deseando tu nombre. ¿Quién es el otro que te llena la copa de vino cuando yo no estoy? Ya no creo en tus enunciados hechos de aire filtrados por tu aliento. Sólo soy el juguete, soy al que es más fácil decirle adiós y guardárlo en el largo sendero de los recuerdos, para recordarlo cada que el mundo no basta y el aburrimiento invade tu privacidad. El mejor del ocio sería, un respaldo. Yo no quiero ser respaldo.

Sería más fácil que me mates con la verdad que calmarme omitiendo detalles que cambian el giro completo de tus historias. De cualquier manera ya he perdido, tu duermes, yaces tan placidamente en tu cama, yo suspiro y te veo a traves de todo, a lo lejos entre tus paredes. Pero egoísta eres. Se queda el sol vacío y se forma una laguna de depresión excesiva, el mismo triste escenario en el que prefieres abandonar todo, me tienes esperando ese mismo momento que un árbol no encuentra, esperando que la tierra al fin lo libere de su farsa. Me invitas al silencio y al alejamiento completos, lentamente te acercas al ajeno de esta angustia que hiela y mi cuerpo es tan de hueso y carne que es fácilmente reemplazable por cualquier otro, te sobro.

Mientras yo me ahogo en un tumulto de emociones y disparates incotrolables que quizás jamás pensé existentes, el rocío entre las hojas llora por mí, no me acostumbro a vivir siendo sombra en un rincón del sendero, como un misterio que descompone luces, amargo triste firmamento, melancolía sin destino y mientras a ti no te importa el aire me está robando besos, con la rima y un ritmo diferentes al tuyo. De imaginar que el reloj no puede ser el mismo hubiera hecho racimos con todos los besos para calmar la amargura que ahora aflota en mí. Después de todo suelen malinterpretarse las cosas dentro de estos medios tan frívolos pero si hubiera sospechado que la vida en la que tanto amamos, celoso de mi bien, suya te hiciera, habría detenido en un remanso nuestro pequeño barco, para morir contigo, jugando a ser estrellas.

Me siento a esperar en esta silla, escuchando el vano grito de auxilio de músicos y regreso sólo para encontrar un mensaje con palabras de adiós en inglés y algunas frases superficiales, aunando aún más hueco al vacío que ya siento. Nunca he visto a nadie caminar en el agua más que barcos y aún así en tus brazos me quedaría: Para siempre si pudiera, para siempre si me dejas y si todo esto que siento es verdad entonces ya nada es verdad y absolutamente nunca podré alejarme de ti, incluso si únicamente represento una silueta más en el largo sendero de los recuerdos.

La mosca ha muerto, su ciclo expiró.