Hoy sólo te dedico mi tristeza, el agrio sentimiento del ensueño combinado con un estado crítico de duelo. Hoy no te ofrezco más que simples silencios de muchos tiempos, que para ti no significan más que la disponibilidad de olvidarte de quién soy por un momento y poderle demostrar tus interminables facetas de plástico a un mundo igual de falso. ¿Quién tiene el lujo de poder escucharte y por qué me es negado a mí? Es algo a lo que no he de encontrarle razón lógica aparte de simples modestias provenientes de ese santuario que llevas como boca.

La comunicación está quedando materialmente agonizante y no va a pasar mucho tiempo antes de que me alejes porque sencillamente no podrías compartir el mismo reloj con alguien como yo. Inentendible el razonamiento de querer pasar tu vida con alguien a quien simplemente le hablas para no hablarle. Sólo buscas diversión de cinco minutos para pasar a la siguiente persona que pueda complacer el vacío que yo no lleno, posteriormente te quejarías de que yo lo hiciera, pero qué no haría yo por ti, si hasta perdí amistades y oportunidades grandiosas, dejé a un lado bastantes de mis actitudes superficiales y egoístas para darte el bienestar que el amor debería de proveer. Dime, tú qué has dejado aparte de una hora de otras actividades. ¿Tú qué has dejado aparte de tu propio reloj? Sin duda es una interrogante con una respuesta igual de vacía.

Hoy nada más te dedico mi soledad, la cual invitas cada vez que siento que me abandonas. Te dedico mi insomnio que me acompaña con la soledad cada noche en la que sólo puedo estar contigo en el templo de mi mente, imaginando que me besas y me abrazas mientras yo no puedo dejar de pensar en el milagro de la vida por haber creado una persona irradiante de belleza, una que podría hipnotizar hasta al hombre con el corazón más tranquilo para llenarlo de brillo en sus ojos, caminando en círculos a tu alrededor para proteger lo único que verdaderamente ha podido llamar suyo. A ti.

Hoy sólo te dedico mi tristeza, tan vasta y tan honda como el amor que siento por ti. Tan vacía y absurda como lo son todas estas palabras de heridas que han ido dejando tu ausencia, esperando algún día cicatrizar y volverse un recuerdo de un día que morí por no saber nada de ti.