ImagenLas hojas se sostienen con sus dedos fibrosos de las extremidades del árbol. La floración fervorosa florece durante la noche y se deslizan silenciosamente por el roble más cercano. Perforan la crisis de la corteza y penetran profundamente en sus venas pegajosas…

Se alimentan, empobreciendo la ciruela y el durazno hasta que se vuelven pesados y color marrón; libres de la savía robada por ellas.

Cuando por fin llegan a su fin, el árbol se sacude enérgicamente, desesperadamente, hasta que por fin está limpio otra vez. El árbol estira sus huesos negros al cielo en alabanza y al comenzar un nuevo año, se promete nunca volver a ser víctima de las hojas.