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Nostalgia

El Aire en la Luna.

Había una persona que de vez en cuando se quedaba a dormir aquí. Luego desayunábamos juntos, y después se iba. Tampoco tiene nombre, pero sólo porque no es un personaje único. Aparece brevemente dos años y desaparece enseguida. Por eso no tiene nombre, para no enredar las cosas. Pero que nadie piense que es todo a la ligera. Había mucho aprecio y aun cuando ya no está.

Éramos amigos, quizás. Al menos era una persona con la que podía decir que me unía cierta amistad. Dos o tres veces al mes, más o menos, se acostaba aquí. Ella pensaba que había caído de la luna o de algún lugar semejante, creo. “¿Aún no te has vuelto a la luna?, es pregunta de ella. Estamos en la cama, así pasamos muchas noches, hablando hasta el amanecer. El ruido de la calle entraba en algunos momentos y en la computadora sonaba una monótona canción pop.

Sólo ríe cuando me oye decir estas cosas. Y luego dice que soy raro, distinto. ¿En qué lo soy? Lo desconozco. Creo que soy alguien tremendamente normal con una forma de pensar tremendamente normal. Canción monótona de pop.

“Me gusta estar contigo”, me dice. “A veces me vienen ganas tremendas de estar contigo, en el trabajo, por ejemplo, pero no se me ocurriría pasar el día entero contigo. ¿Por qué será?”

“Ni idea.”

“No es que esté incómoda contigo, pero sólo que cuando estamos así, me da la impresión de que el aire se vuelve increíblemente liviano, como si estuviéramos en la luna…”

“El aire de la luna no es liviano, de hecho, no hay absolutamente nada de aire.”

“Es liviano”, susurra. No sé si me ignoró o si no me escuchó. “Increíblemente liviano, a veces. Es como si tú y yo respiráramos aires totalmente distintos. Lo sé.”

Quiero decir algo, pero no me salen las palabras. Me gusta. El tiempo se pasa volando cuando estamos así, en la cama. Me gusta el cuerpo, el pelo. Escuchar el sonido de su respiración al dormir, recibir la factura del teléfono a medio día, pero no puedo expresarlo en el momento. No estoy enamorado de ella, pero tampoco vale decir simplemente que me gusta. ¿Qué se supone que debo decir? El caso es que no soy capaz de decir nada. No se me aparecen las palabras necesarias. Sé que mi silencio duele. Sé que no quiere que me dé cuenta, pero lo siento.

“Cásate con una mujer de la luna y crea con ella una estupenda familia de lunáticos”, dice con dulzura. “Es lo mejor que puedes hacer”.

Sin decir nada, observando la luna por encima de la ventana, pasa un camión cargado de algo muy pesado y levantando un estruendo de malos presagios, tipo un iceberg que se comienza a derrumbar. Me pregunto qué llevará.

“¿Qué tienes para desayunar”, me pregunta.

“Nada fuera de lo normal. Lo de siempre, jamón, huevos, tostadas, pasta de ayer, y café. Si quieres, te lo preparo con leche caliente”.

“¿Sabes qué es lo que más me gusta del mundo?”

“Francamente, no tengo ni idea.”

“Lo que más me gusta”, me dice mirándome a los ojos, ‘’Es estar en la cama una fría mañana de invierno, sin ninguna gana de levantarme. Y entonces oler el aroma del café, y oir el sonido de los huevos con jamón al freírse, y el crujir de las tostadas cuando las cortan, y saltar de la cama sin poderme contener.”

No soy un tipo raro, eso creo.

No voy a decir que sea el prototipo de la persona corriente, pero no creo ser raro. A mi manera, soy un ser humano absolutamente normal. Soy, necesariamente, todo lo normal que se pueda ser. Y esto es tan obvio, que lo que piensen los demás no me preocupa lo más mínimo. No es mi problema; en todo caso, será su problema.

Hay quienes me tienen por más imbécil de lo que soy. Otros, en cambio, me creen excesivamente calculador. Por eso me da igual. Además, ese ‘’más de lo que soy’’ es sólo una forma de expresar una comparación con la imagen que tengo de mí mismo. Los demás me pueden ver imbécil o inteligente, pero ése es un problema que no me preocupa. No hay malentendidos en el mundo, sólo diferentes formas de pensar. Y esta es la mía.

Pero también hay personas que pueden extraer la normalidad que hay en mí. Son muy escasas, pero existen. Ellos/as y yo nos atraemos mutuamente de una forma completamente natural, como dos planetas flotando en el espacio oscuro del universo, y luego nos separamos. Aparecen en mi vida, se relacionan conmigo, y un buen día desaparecen. Son mis amigos, mis ex novias, mis familiares. A veces acbamos enfrentados. Pero siempre, en todos los casos, acaban yéndose. Se rinden o pierden las esperanzas, o caen en el silencio (no sale nada del grifo, por muchas vueltas que le den), y finalmente desaparecen. Tengo una habitación con puerta de doble sentido. Entrada y salida. Se entra y se sale por la misma puerta. Esas son las reglas. Hay muchas formas de entrar y muchas formas de salir. Pero lo que no cambia es que todos acaban saliendo. Unos se fueron en busca de nuevas posibilidades, otros por ahorrar tiempo. Otros murieron. No ha quedado nadie. No hay nadie en la habitación, sólo yo. Tengo siempre muy presente su ausencia. La de quienes se fueron. Las palabras que dijeron, los alientos que exhalaron, las canciones que tararearon, … Todo lo veo flotando como una telaraña por las esquinas de la habitación.

Probablemente, la imagen que ellos vieron de mí se acercaba bastante a la realidad. Por eso se me aproximaron, y por eso también se fueron. Ellos reconocieron la normalidad que hay en mí, y mis sinceros esfuerzos por conservarla. Me hablaron y me abrieron su corazón. Casi todos se portaron bien conmigo. Pero no había nada que yo pudiera darles, y si algo les di, no fue suficiente. Siempre me esforcé por darles todo lo posible. Hice todo lo que pude. Y también buscaba algo en ellos. Pero al final no resultó. Y se fueron.

Es duro, por supuesto.

Pero más duro aún es el hecho de que salieran de la habitación mucho más tristes que cuando entraron. Salían con una parte de sí mismos erosionada. Yo me daba cuenta de eso. Es curioso, pero ellos parecían estar mucho más erosionados que yo. ¿Por qué será? ¿Por qué siempre quedo yo? ¿Y por qué queda siempre en mis manos la sombra de alguien erosionado? ¿Por qué? No lo sé.

Faltan datos.

Por eso nunca obtengo la solución.

Hay algo que falta.

Un día, al volver del trabajo, encontré un correo. Era una foto de un astronauta caminando por la superficie de la luna. No había remitente, pero al primer vistazo supe quién me la enviaba.

“Será mejor que no volvamos a vernos”, había escrito. “Pronto me casaré con un terrícola.”

Escuché el sonido de la puerta al cerrarse aquel día, en mi mente.

Datos insuficientes. No hay solución. Pulsé borrar.

Pantalla en blanco.

Me pregunto cuánto tiempo más van a continuar así las cosas. Tengo ya veintiún años. ¿Hasta cuándo?

No estaba triste. Al fin y a cabo, estaba claro que yo era el único responsable. Era natural que ella se alejara de mí, y lo sabía desde el principio. Los dos lo sabíamos. Pero perseguíamos un modesto milagro, una oportunidad de cambiar las cosas en lo fundamental. Pero esa oportunidad no se presentó, claro. Y ella salió. Cuando se fue me sentí solo, pero era una soledad que ya había experimentado antes. Sabía que acabaría superándola.

Ya estoy acostumbrado.

Pensar estas cosas me hace sentir mal. Siento surgir en mis entrañas un líquido negro que pugna por subir hasta la garganta. Me pongo delante del espejo del baño. Este soy yo. Sí, ése eres tú. También tú estás hecho mierda, mucho más de lo que crees. Me veo la cara más sucia y con más acné que nunca. Me lavo la cara meticulosamente con jabón, y me doy un baño de loción. Luego me lavo las manos, y me seco bien con una toalla nueva. Voy a la cocina y ordeno los contenidos del refrigerador mientras bebo un café. Tiro los tomates echados a perder, alineo las botellas, cambio de sitio lo demás, hago la lista del súper.

Al amanecer estoy solo, y mientras miro distraídamente la luna, me pregunto hasta cuándo seguirá esto. Seguramente vendrá alguien. Y nos atraeremos de forma natural, como dos planetas. Y esperaremos inútilmente un milagro, malgastando el tiempo, erosionando nuestros corazones. Hasta que nos separemos.

¿Hasta cuándo?

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Grief Exposed.

La noche anterior mientras trataba de dormir, los pensamientos comenzaron a jugar con mi mente y me privaron de un sueño profundo. Pensé en pararme a escribir, como lo hago ahora, pero finalmente sucumbí al cansancio y me quedé dormido. No recuerdo exactamente que estaba soñando y eso me molesta bastante. A veces siento que sueño cosas que tienen un mensaje. Pero la noche anterior fue más bien un sueño de sufrimiento que no puedo señalar muy bien. No puedo identificar lo que era tan claro como lo que estoy escribiendo ahora. Simplemente fue una noche con pensamientos que vienen del sufrimiento.

Estoy llegando a los días oscuros pero un poco tarde. Usualmente experimento estos días en la primavera, empezando abril, y usualmente dura el resto del año…Con cada año que pasa desde que se murió mi papá, llamo a los días después de él, los días “oscuros” de mi vida. Incluyo los días festivos como la navidad porque me han dejado un vacío que no puedo llenar. Simplemente puedo vivir el momento pero no encuentro ese clic que me hace ver al futuro. La vida simplemente parece ser un día de negocios. Las distracciones son lo que me funciona.

Estoy pensando en aquella vida pasada que anhelo, aquella que se me quitó de golpe, y en el despertar de esto, no me quedé con mucho para poder reconstruir. No estoy seguro de cuál es el mensaje para mí. Normalmente mi pesimismo no me deja encontrarlo y ya me acostumbré a que sea así. Todavía me pregunto “¿Por qué a mí?” muy seguido. Puedo voltear al pasado y preguntar eso muchísimas veces, tantas que una persona normal ya se hubiera vuelto loca hasta este punto. Mantengo la fe en que algún día estará claro para mí, de por qué no tuve lo que ellos tienen, y con ellos me refiero a esos que si pueden disfrutar de lo que se me quitó, crecer con ellos, compartir los momentos importantes. Mis brazos me duelen de la pérdida. No puedo describir en palabras el vacío tan profundo de sentir.

Espero que algún día las cosas tengan mas sentido, pero por ahora, estoy en pérdida, mi corazón, roto, se siente expuesto y hago ríos con los ojos. Ahora escribí esto que prácticamente describe mi dolor…

Sometimes I just want to go back because going forwards means the distance between me and you fades and all I’m left with is the faint hint of who you were in my life.

Hasta la próxima,

R.

Other Days.

Memories of old come back to haunt, of friends and tales that are long gone. I remember this place as an area where I could come to have fun and just sit back, talk for hours with people I loved and never run out of conversation subjects. The best memory I’ll ever have of these times is talking with Sebb, Branden, Lacey, Jaclyn and Adam. Just all of us sitting with drinks and letting the art of conversation swift gently carry on to the air. It’s been such a long time since then, and I cannot dwell nowhere else for I have no money, but, as I sip the pessimism from my half-empty cup, sulking from the disappointment of another effortless day’s work,  I can’t help but feel it’s all done and there’s no turning back.

I can’t stop but feel bad for the people that are still hanging around for more than 10 years now. Don’t get me wrong though, I mean that these times have gone through a lot of changes and well, they’re hideous, horrible, disgusting. Not only within the looks of it but mostly the people. It’s filled up with people that only God almighty knows how they managed to get their kindergarten certificate.

So I don’t get how these people can still be around up to now (this is actually a compliment), most people from back then were so nice and even the bad ones had some sort of respect towards people, nowadays there is just no interaction between them, out of 100 people, maybe 10 of them have the ability to communicate better than a caveman from the ice age, and two of them are the only nice people that you’ll ever meet, and surprise! They’ve been here for a very long time already.

Anyway, as I see myself walking through the endless stream of memories, I keep coming back every now and then for the nostalgia of those old friends I met that are not around anymore, those that left me or that I left behind. I miss them, the old days with Frans, Änte, Andreas and Koffe, Miguel, the way we’d have fun was really like no other, lately I feel my life is going on a declivity when it comes to how much fun I’ve been having. So maybe I come here out of sadness, sadness of not having anyone with whom I can hang around and just laugh and smile. After 20 minutes of being here, I find it pretty depressing just hanging around at any place, it makes me feel crippled inside, this place is now rotten.

I walk from room to room, from sadness to endless serenity disrupting peacefully into my life switching happiness for good old days. It’s hard to conceive that after all this time I’ll always end up asking for one last chance to bring all of that back.

Cuando la navidad significa dolor.

El dolor por perder a alguien, en la navidad se siente como ningún otro. El pesar no conoce un día, ni conoce el tiempo, viene y te visita cuando quiera, como quiera. Ni la navidad, ni un cumpleaños, ni cualquier fiesta lo mantiene alejado. Cuando muere alguien, esas festividades son difíciles. No importa cuanto tiempo ha pasado, ni como pasó. Ninguna festividad vuelve a ser lo mismo.

He tenido que cambiar mi punto de vista de la navidad, especialmente desde que mi papá murió hace 1 año y medio. Esta sería mi segunda navidad en la que no voy a envolverle un regalo para que lo abra en la mañana, y la segunda en que no voy a verlo cocinar lo que mejor le sale. Cuando pierdes a la persona que mas quieres, te das cuenta que desconoces la gravedad de este espacio.

Este espacio de dolor es abrumante al punto en el que nada tiene sentido y sólo quieres quedarte en la cama, taparte con las cobijas y olvidar que todo pasó. Lo malo es que si pasó y es tan difícil decírtelo. No hay palabras que puedan describir el dolor y pesar adecuadamente, por perder a ese alguien. Las películas en las que alguien muere, los libros, los cortometrajes, todo me regresa a eso. Duele mucho más allá de la creencia. Despertar para saber y entender que hay un hoyo enorme creado en tu corazón. Inimaginablemente

Las etapas del dolor son bienvenidas los primeros días. El shock te ayuda en los primeros días difíciles justo después de la pérdida. De hecho, me acuerdo de cuando me preparaba para celebrar la vida de mi papá, a dos días de su muerte, no sentía dolor. Incluso hablar de él y su partida parecía salirme bastante fácil y natural. Pero fueron los días siguientes los que me hicieron caer arrodillado preguntando por qué.

No hubo respuesta. Sin importar la sabiduría e inteligencia emocional que uno pueda tener, esos golpes te van a dejar marcado y el dolor regresará en el momento en el que menos te lo esperes. El silencio, la soledad y las noches me regresan a ese dolor tan fuerte de sentir, especialmente ahora que se ha acumulado y que viene en un día que era tan especial de pasar con esa persona. La navidad pasó de ser un día de sonrisas a ser un día más de dolor intenso y pensamientos suicidas.

Esta sería mi segunda navidad en la que no le envuelvo un regalo y lo veo abrirlo, siendo por el hecho de que ya no habrán más navidades para mí. Se terminó. Esto no tiene un final feliz, y los días 24 y 25 van a ser de los más agonizantes en el año.

Until the next time,
~R.

Carta a Nadie

Hoy sólo te dedico mi tristeza, el agrio sentimiento del ensueño combinado con un estado crítico de duelo. Hoy no te ofrezco más que simples silencios de muchos tiempos, que para ti no significan más que la disponibilidad de olvidarte de quién soy por un momento y poderle demostrar tus interminables facetas de plástico a un mundo igual de falso. ¿Quién tiene el lujo de poder escucharte y por qué me es negado a mí? Es algo a lo que no he de encontrarle razón lógica aparte de simples modestias provenientes de ese santuario que llevas como boca.

La comunicación está quedando materialmente agonizante y no va a pasar mucho tiempo antes de que me alejes porque sencillamente no podrías compartir el mismo reloj con alguien como yo. Inentendible el razonamiento de querer pasar tu vida con alguien a quien simplemente le hablas para no hablarle. Sólo buscas diversión de cinco minutos para pasar a la siguiente persona que pueda complacer el vacío que yo no lleno, posteriormente te quejarías de que yo lo hiciera, pero qué no haría yo por ti, si hasta perdí amistades y oportunidades grandiosas, dejé a un lado bastantes de mis actitudes superficiales y egoístas para darte el bienestar que el amor debería de proveer. Dime, tú qué has dejado aparte de una hora de otras actividades. ¿Tú qué has dejado aparte de tu propio reloj? Sin duda es una interrogante con una respuesta igual de vacía.

Hoy nada más te dedico mi soledad, la cual invitas cada vez que siento que me abandonas. Te dedico mi insomnio que me acompaña con la soledad cada noche en la que sólo puedo estar contigo en el templo de mi mente, imaginando que me besas y me abrazas mientras yo no puedo dejar de pensar en el milagro de la vida por haber creado una persona irradiante de belleza, una que podría hipnotizar hasta al hombre con el corazón más tranquilo para llenarlo de brillo en sus ojos, caminando en círculos a tu alrededor para proteger lo único que verdaderamente ha podido llamar suyo. A ti.

Hoy sólo te dedico mi tristeza, tan vasta y tan honda como el amor que siento por ti. Tan vacía y absurda como lo son todas estas palabras de heridas que han ido dejando tu ausencia, esperando algún día cicatrizar y volverse un recuerdo de un día que morí por no saber nada de ti.

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